Nadando a contracorriente: los reveses de la cultura mexicana en el 2020

Por: Inés Amarelo / Agencia EFE

El año estuvo marcado por la eliminación de 109 fideicomisos (fondos) públicos con un valor superior a los 68.000 millones de pesos (unos 3.100 millones de dólares), una decisión que pone en jaque a la cultura, la ciencia y los derechos humanos en México, pese a que el Gobierno aseguró que la medida contribuirá a eliminar la corrupción. Sin embargo, la creación cultural continúa.

En México, algunas personas se aficionaron durante el confinamiento a disciplinas que desconocían, otros regresaron a sus viejos gustos y otros tantos simplemente reafirmaron la importante función de la cultura relacionada con el bienestar y la tranquilidad, ante un mundo que se desmorona.

La cultura mexicana, reconocida por su riqueza y su resistencia, se ha visto especialmente perjudicada por la pandemia del coronavirus, que ha azotado con fuerza al país y ha dejado al sector nadando a contracorriente para sobrevivir, en un contexto de abandono del sector público. ”La cultura ha sido una tabla de salvación en medio de un naufragio”, dijo el escritor mexicano Benito Taibo, en referencia al refugio que han encontrado muchas personas en los mundos de fantasía de los libros, las historias inimaginables de las películas o los envolventes universos de la música. Algunos se aficionaron durante el confinamiento a disciplinas que desconocían, otros regresaron a sus viejos gustos y otros tantos simplemente reafirmaron la importante función de la cultura relacionada con el bienestar y la tranquilidad, ante un mundo que se desmorona.

”Si tenemos héroes como enfermeros, médicos o recogedores de basura, tendrá que haber juglares para que puedan contar esos actos heroicos y magníficos que hicieron que la humanidad no pereciera”, dijo el también poeta, periodista y promotor de la cultura. Desde que llegó la COVID-19 a México, a finales de febrero, todos los eventos multitudinarios fueron cancelados, pero también los conciertos en pequeñas salas, las proyecciones de películas, las presentaciones de libros o las funciones de teatro y danza, entre muchos. Con esto, muchos artistas y trabajadores de la industria perdieron su mayor fuente de ingresos. Aún así continuaron y encontraron la forma de seguir conectados con su público, primero gratuitamente y luego con precios simbólicos para poder sobrevivir, pero siempre buscando innovar y explorar el arte en el contexto actual. Sin embargo, más allá de los problemas provocados por la pandemia, llegaron golpes que dificultaron todavía más las cosas y presentaron un horizonte oscuro.

El año estuvo marcado por la eliminación de 109 fideicomisos (fondos) públicos con un valor superior a los 68.000 millones de pesos (unos 3.100 millones de dólares), una decisión que pone en jaque a la cultura, la ciencia y los derechos humanos en el país, pese a que el Gobierno aseguró que la medida contribuirá a eliminar la corrupción. ”El hecho de que se hayan extinguido algunos fideicomisos y haya una postura muy defensiva con respecto a los reclamos legítimos que han tenido algunos artistas (…) ha sido muy desafortunado y los efectos se verán con el tiempo”, expuso Guillermo González King, director general de Asociación Mexicana de Productores de Fonogramas y Videogramas (Amprofon).

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Desde que se aprobó la supresión de los fideicomisos el pasado octubre, la incertidumbre sobre cómo se organizaría la financiación pública del arte aumentó y, hasta el día de hoy, todavía no se ha establecido una ruta clara por parte del Gobierno de México. ”México es uno de los lugares más poderosos y más fortalecidos siempre ante la tragedia. Tenemos un espíritu que nos hace encontrar en medio de los escombros oportunidades de cambio y crecimiento”, dijo Humberto Busto, actor de películas como Amores perros (2000) o series como Diablero. “Sin embargo, en cuanto a políticas relacionadas con México, me parece que es uno de los momentos más oscuros de la historia reciente”, añadió.

Sector resiliente

México siempre ha sido un país con una fuerte y reivindicativa sociedad civil, y numerosos artistas se posicionaron en contra de la eliminación de los fideicomisos, a la vez que otros exigieron una alternativa justa y transparente. Pero en lugar de ser escuchados, se filtró la existencia de un grupo de WhatsApp llamado Desactivación colectivos, en el que estaban presentes varios funcionarios. Esto indignó a miembros de colectivos artísticos que se reúnen periódicamente con la Secretaría de Cultura. “Hoy deberían ser despedidos e inhabilitados todos los funcionarios de la Secretaría de Cultura preocupados por desactivar colectivos y artistas y no por trabajar con ellos. Nada tan vergonzoso como el desprecio a la cultura por parte de los funcionarios de cultura”, escribió el escritor Emiliano Monge.

El golpe fue uno de tantos reveses a los que muchos artistas y trabajadores del gremio aseguran estar acostumbrados a recibir. Aun así, el espíritu intrínsecamente cultural, curioso y festivo de los mexicanos parece estar sobreponiéndose y logrando mantener la creación a pesar de no haber llegado todavía a tierra firme. ”Para 2021 le desearía buena vida a la cultura. Le desearía que estemos conscientes de que está ahí y que sigue viva. Con eso es más que suficiente (…). Solventemos las brechas sociales, los gravísimos problemas a nivel económico y tengamos a la cultura como ese activo necesario para la reconstrucción y construcción de un mundo nuevo”, terminó Taibo.

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