Derecho a pensar y expresarse libremente.

Jonnathan Valencia Gaspar
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Durante esta semana tuve la fortuna de coincidir con la biografía de una mujer grande, admirable, una mujer sabía e increíblemente inteligente, su nombre Hipatia, vivió en Alejandría por allá por los años 370 hasta el 415 o 416 cuando fue brutalmente asesinada.

Después de leer su biografía me anime a buscar en el cine una narración fílmica que me mostrara algo de la vida de esos años y me encontré una película genial, Agora, la cual les recomiendo bastante.

No quiero en esta columna contarles la película, lo que pretendo es dejarles mi perspectiva y la reflexión que este filme me dejo, lo que deseo hacer, es expresar mi pensar libremente, muy al estilo de Hipatia.

Nuestros tiempos

Vivimos tiempos complicados, y la bruma de la violencia y el odio nos enceguece y nos lleva cada vez más a ser pesimistas y aburridos. Podríamos nadar en un mar de dulce miel y aun así ahogarnos en la amargura.

Hemos permitido que lo banal ocupe un puesto fundamental, olvidamos que lo primero es la vida, y la vida en comunidad, no somos seres hechos para vivir en soledad, al contrario, creamos nuevas tribus cada día.

Somos seres sociales

Nos buscamos porque somos complemento, somos una parte del todo, y sin embargo, nos odiamos por motivos estúpidos, y lo que es peor nos matamos por esos motivos. Aprendimos de los primeros odios, de las primeras envidias y nos graduamos en antipatía y violencia.

Olvidamos que la diferencia no resta ni divide, al contrario, suma, multiplica, engrandece, ser diferente y pensar diferente debería ser algo aplaudido y motivado constantemente, es la herramienta más importante para mantenernos en crecimiento moral, espiritual y mental.

Pero no, desde antaño, el diferente, el divergente, el pintoresco, ha sido tratado como un villano, como un estorbo para todos aquellos que detentan el poder, y permiten que este poder los vuelva ciegos y egoístas.

#NuestraFaunaLibre

La religión y la política

La religión y la política son un ejemplo claro de la estupidez a la que hemos llegado, no por existir en sí mismas, pues considero necesaria la espiritualidad, la moral y la política como ejercicio de desarrollo de las comunidades, sino, por la forma en como abordamos cada una de estas.

En religión, quien tiene una creencia condena a todo aquel que tiene una diferente, lo margina, lo estigmatiza, lo apedrea, lo quema, lo peor de nuestra especie sale a relucir cuando de defender credos religiosos se trata, y como dije, no es por la religión en sí misma, sino por nuestro pensamiento egoísta y ciego.

En política pasa algo similar, nos insultamos, nos separamos, nos dividimos y hasta nos matamos por ideales políticos, ideales que supuestamente son concebidos para el porvenir del pueblo, pero que terminan siendo la excusa perfecta para agredirnos y sentirnos superiores a otros.

Derecho a pensar

Debemos difundir e impulsar el pensamiento, así como tal, el pensamiento, ese ejercicio mental, de tener criterio, opinión, una posición, e inculcar y fomentar la diversidad de pensamientos como elemento necesario en la construcción de una sociedad más sabia y justa. Termino con una frase de Hipatia que me llamo mucho la atención, y que bien podría resumir lo que quise decir en este escrito: “Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar”.

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